Todo empezó delante de un espejo, un jueves por la tarde.
Tenía una cena en una hora y el armario lleno. Nada me valía: lo bonito apretaba, lo cómodo me hacía mayor, y lo que me gustaba de verdad costaba lo que no estaba dispuesta a gastar. Salí de casa con lo de siempre. Otra vez.
Esa noche entendí algo que me quitó un peso de encima: el problema no era mi cuerpo, ni mi edad, ni mi falta de gusto. Era que casi nadie estaba diseñando pensando en nosotras.
Qué hicimos con eso
Voy a ser clara contigo, porque es la base de todo lo demás: nosotras no fabricamos la ropa. La elegimos.
Trabajamos con proveedores que ya tienen buenos patrones y buenos tejidos. Nuestro trabajo es el que casi nadie hace: filtrar. De cada cien prendas que vemos, se quedan tres o cuatro.
Y el filtro es tan poco glamuroso como esto:
- ¿La tela cae o se queda pegada al cuerpo?
- ¿Favorece sin apretar?
- ¿Me la pondría un domingo de comida familiar, un martes cualquiera y un sábado de boda?
- ¿Seguirá estando bien dentro de tres veranos?
Si falla una, no entra. Por eso verás pocas novedades cada semana y ninguna de relleno.
Lo que te prometemos y lo que no
No somos una marca de lujo y no vamos a fingir que lo somos. Somos una tienda pequeña, de precios contenidos, que se toma en serio dos cosas: que la prenda que recibes sea exactamente la que viste en la foto, y que si no lo es, resolverlo te cueste un correo.
Nuestros pedidos tardan entre 7 y 15 días. Podríamos ocultarlo hasta el momento de pagar, como hacen muchas. Preferimos decírtelo aquí, antes de que decidas. Tienes 30 días para cambiar o devolver, y al otro lado del correo hay una persona leyéndote, no un formulario automático.
Vestir bien no debería ser complicado. De eso nos encargamos nosotras. Tú solo tienes que elegir cuál te llevas hoy.
Con cariño, Ana Martínez